viernes, 18 de enero de 2013


Abran su alma al Señor en oración

Las enseñanzas de George Albert


La oración nos permite hablar con nuestro Padre Celestial como si Él estuviera presente.

En estos tiempos de tensión e incertidumbre, es una bendición maravillosa el sentir la seguridad de la guía divina y el tener fe absoluta en un Dios personal que se interesa en nosotros y que escucha y contesta nuestras oraciones4.
Hace algunos años… escuché de [un] huerfanito de nueve años al que llevaron apresuradamente al hospital. Tras el examen médico, se determinó que se le debía someter a cirugía inmediatamente. Había estado viviendo con amigos que le habían ofrecido su hogar. Sus padres (cuando vivían) le habían enseñado a orar, y entonces, cuando llegó al hospital, quería la ayuda del Señor.
Los doctores decidieron tener una conferencia de médicos. Cuando el niño llegó al quirófano, miró alrededor y vio a las enfermeras y a los doctores que habían participado en esa conferencia sobre su caso. Él sabía que estaba grave, y le dijo a uno de ellos, mientras se preparaban para darle la anestesia: “Doctor, antes de comenzar la cirugía, ¿podría orar por mí?”.
El doctor, avergonzado, se excusó y dijo: “Yo no puedo orar por ti”. El niño les pidió lo mismo a los demás doctores, pero el resultado fue el mismo.
Finalmente, sucedió algo asombroso; ese niño dijo: “Si ustedes no pueden orar por mí, por favor esperen a que yo ore por mí mismo”.
Le quitaron la sábana y se arrodilló sobre la mesa de operaciones, inclinó la cabeza y dijo: “Padre Celestial, sólo soy un huérfano. Estoy muy enfermo. Por favor, sáname. Bendice a estos hombres que me van a operar para que lo hagan bien. Si tú me sanas, trataré de convertirme en un hombre bueno. Gracias, Padre Celestial, por sanarme”.
Cuando terminó de orar, se acostó. Los ojos de los doctores y de las enfermeras estaban llenos de lágrimas. Entonces el niño dijo: “Estoy listo”.
Se realizó la cirugía. El pequeño fue llevado de regreso a su cuarto, y en pocos días lo sacaron del hospital, bien encaminado a una completa recuperación.
Unos días después, un hombre que oyó sobre el incidente fue a la oficina de uno de los cirujanos y dijo: “Hábleme de la cirugía que le realizó hace unos días a un niño”.
El cirujano dijo: “He operado a varios niños”.
El hombre agregó: “Era un niño que quería que alguien orara por él”.
El doctor dijo con gran seriedad: “Sí, hubo un caso así, pero considero que quizás sea demasiado sagrado como para hablar al respecto”.
El hombre dijo: “Doctor, si usted me lo cuenta, lo trataré con respeto; me gustaría escucharlo”.
Entonces el doctor relató la historia tal como yo la acabo de relatar, y luego agregó: “He realizado cientos de cirugías, para hombres y mujeres que pensaban que tenían la fe para ser sanados; pero nunca antes había sentido la presencia de Dios como la sentí al lado de ese pequeño. Él abrió las ventanas de los cielos y habló con su Padre Celestial como uno habla con otra persona cara a cara. Quiero decirle que hoy soy mejor hombre por haber tenido esa experiencia de estar al lado de ese niño y escucharlo hablar con su Padre Celestial como si Él estuviera presente”5
Vivamos de tal manera que todas las noches y todas las mañanas, al inclinarnos a orar ante el Señor en agradecimiento, tengamos en nuestro interior el poder para abrir los cielos para que Dios escuche y conteste nuestras oraciones y sepamos que Él aprueba nuestros hechos6.
Para mas información: https://www.lds.org/manual/teachings-george-albert-smith/14?lang=spa

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